El
Universo a “Nanoescala”
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inmenso es el Cosmos? ¡Inconmensurable! Y es que, aún los cuerpos más
“próximos” resultan demasiado lejanos para las velocidades newtonianas a las
que estamos sujetos. De hecho, hay regiones del Espacio tan distantes que la
luz que irradian todavía no nos ha alcanzado. Piense en ello: la velocidad de
la luz es el límite cósmico; nada puede viajar más rápido que un fotón. ¿Cuál
es su medida? En el “vacío” sideral, acelera hasta unos 300, 000 m/s. No es de extrañar,
por tanto, que las distancias cósmicas ya no se midan en unidades de espacio,
sino de tiempo. Así es, un año luz es la distancia que recorre un haz de luz en
un año terrestre. ¿De cuánto hablo? De nada más y nada menos que de 9, 460,
730, 472, 580. 8 Km.
Por otro lado, ya conocemos de los planetarios, aquellos museos
en los que se representa el Sistema Solar a una escala en la que podemos
interactuar con los planetas. Sin embargo, propongo algo ambicioso: un modelo
del Universo observable. ¿A cuál escala? Por conveniencia, la nanométrica: 1nm
: 1Km, esto es, un nanómetro equivale a un kilómetro. Pero, ¿qué es un
nanómetro? Es la mil millonésima parte de un metro (1 entre 1, 000, 000, 000)
o, lo que es lo mismo, 1 x 10―9. Figurémoslo: un nanómetro es a un
metro lo que una canica es a la Tierra. ¡Impresionante!, ¿no?
No obstante, aún el nanómetro es impráctico para mi maqueta
sideral. ¿Por qué afirmo esto? Es que deseo distanciar la Tierra del Sol por 1
pulgada (in), y 1 in tiene unos 25, 400, 000 nm. Por ello, supongamos que, en
vez, 1 in equivalga a 150, 000, 000 nm, o
sea, los 150 millones de km que separan la Tierra del Sol. Ahora bien, si encogiéramos
el Cosmos hasta esta escala, ¿cuáles serían las implicaciones? Pues bien, el
Sol tendría un tamaño aproximado al punto que termina esta oración. Por lo
tanto, los planetas serían microscópicos, invisibles a ojos desnudos.
A esta escala, Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol,
estaría a más de 7 km de distancia (4.24 años luz). ¿Y el centro de la Vía
Láctea? A unos formidables 25, 000 Km, el equivalente aproximado a la mitad del
ecuador terrestre (1/2 40, 075 km). Tratemos de
comprenderlo: tendríamos que salir del planetario (y del planeta) para visitar
el centro de nuestra galaxia. ¿No está boquiabierto? Si puede soportarlo,
todavía hay más: en este hipotético modelo del Universo, Andrómeda, nuestra
galaxia hermana, estaría a ocho veces la distancia de la Tierra a la Luna (8 x 384,
400 Km). ¡Tendríamos que ir en una nave espacial a visitarla!
Por otra parte, mi objetivo es provocarle un asombro tal, que lo
deje pasmado, atónito. Por consiguiente, cambiaré de estrategia. Esta vez, considere
la suma de las estrellas. La Vía
Láctea aloja más de 100, 000, 000, 000 de ellas, cada una un reactor
termonuclear como nuestro Sol. ¿Cuánto le tomaría contarlas? ¡A un ritmo de una
por segundo, tardaría más de 10, 000 años! Sin embargo, las estrellas que
componen la Vía Láctea, no son más que una pequeña fracción de las que hay en
los aproximadamente 50, 000, 000, 000 de galaxias visibles. Imagínese una
enciclopedia que dedicara un mapa a cada una de tales estrellas (el sistema
Solar ocuparía una sola página). ¿Cuántos volúmenes se necesitarían para
abarcar el total de estrellas en el Universo? ¡No habría espacio para ellas en las
estanterías de todas las bibliotecas de la Tierra!
Si esto no logra conmocionarlo, tome en cuenta que los cálculos
anteriores son conservadores, por tanto, no exageran con los números. Ahora
bien, algunos científicos son más osados respecto a la cantidad de estrellas
que podría albergar el Cosmos. Por ejemplo, de acuerdo a ellos, la Vía Láctea
tendría unos 200 mil a 400 mil millones de estrellas. Asimismo, el total de
galaxias sería de 100 a 200 mil millones. Siendo así las cosas, me atrevería afirmar
lo siguiente: ¡por cada singular grano de arena en toda la superficie
terrestre, hay un millón de estrellas en el Universo! Y, con todo, hay más
planetas que estrellas.
Si la cantidad de estrellas no le quitó el aliento, intentaré con
esto: el tamaño de lo desmesurado. Iniciaré
con Júpiter. ¡Si fusionáramos el resto de los planetas en uno, el planeta
obtenido sería 2.5 veces menos masivo que este gigante! ¿Qué decir del Sol? Con
un diámetro de 1, 392, 684 km, el Sol es 1, 300, 000 veces más voluminoso que
la Tierra. Piénselo otra vez: ¡este astro puede contener más de 1, 000, 000 de
Tierras! No obstante, como sabemos, el Sol no es ni remotamente la estrella más
grande. De hecho, está en la categoría de “enana amarilla”, un tipo de estrella
de “vida larga” pero de masa y volumen modestos. ¿Cuán monstruosas son las más grandes? Existe
una tan colosal que haría que el Sol pareciera microscópico. Me refiero a
Antares A, una supergigante roja. Su diámetro es tal (883 veces el del Sol),
que si la ubicáramos donde está el Sol, su superficie más externa llegaría
hasta el Cinturón de Asteroides (a medio camino entre Marte y Júpiter). ¡Engulliría
los cuatro planetas telúricos! Mas, esta estrella no es tan descomunal como yo quisiera.
Elijo otra: VY Canis Majoris, una hipergigante roja. ¡Con un diámetro de 1,800
a 2,100 veces el del Sol, es tan titánica que engulliría a Júpiter y a Saturno!
Dicho de otro modo, ¡si viajáramos a 900 Km/h, precisaríamos 1, 100 años para
completar una órbita en torno a ella! Hablemos ahora de nuestra galaxia. La Vía
Láctea tiene aproximadamente 1, 000, 000, 000, 000, 000, 000 Km de diámetro (un
trillón). ¿Cuánto tarda la luz en atravesarla? ¡100, 000 años terrestres!
¡Me doy por vencido, me rindo! Si no logré hacer que se sintiera
insignificante, nada lo hará. Sin embargo, el trasfondo de todo esto es provocar
que usted le atribuya el mérito de la maravilla del Universo, no a una causa
impersonal y fortuita, sino al Creador. Sí, “Digno eres tú, Jehová, nuestro
Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas
las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas” (Rev. 4:11;
Isa. 40:26; Jer. 10:12; Heb. 3:4).